La gran apuesta de la construcción sostenible: Rascacielos de madera

Nuestras ciudades necesitan estar hechas de otros materiales que nos ayuden a luchar contra el cambio climático. La fabricación de acero y cemento supone un 8% de las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono de todo el mundo. La bioconstrucción permite reducir las emisiones de CO2 asociadas a la edificación y mejorar la habitabilidad . ¿Un problema para los bosques?
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En 2050, según datos de la ONU, alrededor del 68% de la humanidad vivirá en ciudades, lo que significa más viviendas, más carreteras, más infraestructura; todo ello consumiendo el 78% de la energía y produciendo el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta.

Las perspectivas de población mundial en el futuro con este auge imperativo en la construcción no auguran nada bueno en nuestra gesta para limitar los efectos del cambio climático en la Tierra. Para hacer todas esas viviendas que vamos a necesitar, se requerirá mucho acero y hormigón, dos de los materiales más comunes empleados en el sector de la construcción.

No podemos obviar el dato de que la fabricación de estos componentes supone un 8% de las emisiones antropogénicas de dióxido de carbono de todo el mundo. Si queremos y precisamos de esta expansión pero, a la vez, abogamos por una edificación más respetuosa con el medio ambiente... está claro que nuestras ciudades tendrán que estar hechas de otra cosa. ¿Qué tal madera?

Noruega, Austria, China...

A pesar de que hubo un tiempo en que estos edificios de madera eran territorio exclusivo de diseñadores conceptuales, gracias a los cambios en las regulaciones de construcción y las actitudes cambiantes hacia este material, se están convirtiendo rápidamente en una realidad.

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El edificio Mjostarnet de Brumunddal en Noruega.

Contamos con un ejemplo muy interesante en Noruega: el edificio Mjostarnet de Brumunddal tiene unos datos de vértigo: 85,4 metros de altura y ostenta el récord de ser oficialmente el edificio de madera más alto del mundo. Su construcción, que alberga apartamentos, un restaurante, oficinas, una piscina de natación y otras áreas comunes, finalizó en marzo de 2019.

La madera es su material de carga principal y al tener una anchura de base de 16 metros, asegura que el edificio sea estable aún con sus 18 pisos de altura. Utilizaron madera contralaminada para escaleras, huecos de ascensores y balcones, de ahí que se considere una estructura totalmente de madera.

También encontramos otro edificio de madera destacable en Viena, Austria. Es la Torre HoHo de 84 metros de altura; en este caso, teniendo en cuenta que son 24 los pisos con los que cuenta, la estructura o base de madera se mezcló con un núcleo de hormigón para estabilizar el edificio, por lo que podemos decir que se trata de un edificio mixto.

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La torre HoHo en Viena

Estos modelos no son casuales. A medida que los arquitectos se han vuelto cada vez más partidarios de nuevas estrategias de construcción a base de madera, los edificios con esta materia también se han vuelto cada vez más altos para dar respuesta a esa necesidad de grandes rascacielos de las grandes urbes. Como ocurre, por ejemplo, en Hong Kong, la capital mundial de los rascacielos.

Si bien muchos de ellos representan proezas arquitectónicas impresionantes, los más de 40.000 edificios de la ciudad, incluidos unos 8.000 rascacielos (muchos superando los 100 metros de altura), consumen hasta el 90% de la electricidad de la ciudad y contribuyen al 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo, Hong Kong se ha fijado el objetivo de ser carbono neutral para 2050. En un lugar como este, lograr un rascacielos neutro en carbono no es solo una posibilidad, es más bien una necesidad. ¿Cómo lidiar con su superficie limitada, la necesidad de nuevas viviendas y el objetivo climático de cero emisiones netas? Haciendo rascacielos sostenibles.

Los ejemplos noruego y austríaco demuestran que merece la pena. Y la estrategia funciona. La madera es, sin duda, una de las opciones sostenibles más prometedoras con respecto al metal y el hormigón. Es un producto hasta un 80% más liviano y más ecológico, pues mientras el hormigón emite una gran cantidad de carbono, los árboles lo absorben a lo largo de su vida.

¿Un problema para los bosques?

Si aumentamos los requerimientos de madera, es posible que aumente la preocupación de si estamos estirando demasiado lo que la madre naturaleza puede ofrecernos. Según los expertos, si los bosques son gestionados de forma sostenible esto no debería ser un problema.  

Por el momento, el movimiento de construcción ecológica parece que sigue adelante y, mientras nos encaminamos hacia esta construcción verde más sostenible, muchos gobiernos están comprometiéndose a hacer que sus rascacielos sean más eficientes desde el punto de vista energético.

Mantener frescos los rascacielos es quizás el desafío más difícil, especialmente porque la mayoría están cubiertos de vidrio. Aquí es donde entra la tecnología. Gracias al Internet de las Cosas (IoT) y una red de sensores inalámbricos que cubran ascensores, escaleras mecánicas, iluminación, aire acondicionado... puede monitorearse el consumo de energía de todas estas zonas en tiempo real y apagar ciertos lugares o servicios cuando no sean necesarios, haciendo una optimización energética del edificio sin mayor esfuerzo. Al menos, por el momento. La pregunta es ¿será este el modelo a seguir para las ciudades verticales sostenibles del futuro?

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