17 cráteres en 7 años en Siberia. ¿El cambio climático es responsable?

Actualidad 20/02/2021 Por Redacción
Un cráter de 30 metros de profundidad y 25 de diámetro se encontro en el verano de 2020 en Siberia. En realidad éste fue el último de los 17 cráteres que se han formado en la zona en los últimos 7 años. Los cientificos ahora apuntan al cambio climático como responsables de sus orígenes. ¿Vos que opinas? ¿Es a consecuencia de eso? ¿o lo genera el hombre?
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Desde 2014, en la tundra siberiana han ido apareciendo grandes cráteres en el suelo, un total de 17 hasta el momento. El último de ellos se generó en verano en 2020, en la península de Yamal, y un grupo de investigadores rusos acudió a la zona para estudiar el misterioso agujero con un equipo de drones y otras tecnologías.

El investigador principal del Centro Skolkovo de Moscú y líder de esta investigación, Evgeny Chuvilin, ha explicado el origen de este enorme cráter de 30 metros de profundidad y 25 de diámetro: "Se produjo una violenta explosión de gas, que arrojó fragmentos de hielo y roca a más de 200 metros".

Chuvilin recalca que la aparición de estos agujeros llamados hidrolacolitos se trata de "un fenómeno nuevo de los últimos 6 o 7 años" y que "se da sobre todo en Siberia Occidental por su estructura geológica y todo el gas que contiene allí el permafrost".

El permafrost se está derritiendo

La causa de este fenómeno de grandes cráteres en Siberia reside en el permafrost, esa capa de suelo congelado permanentemente -aunque no siempre cubierto de hielo o nieve- de las regiones periglaciares. En este suelo helado a veces se acumulan bolsas de gases como el metano -concretamente en una capa llamada criopeg- que pueden crear una presión lo suficientemente fuerte como para atravesar las capas superiores del permafrost, esparciendo tierra y rocas y creando el cráter.

Cuando este suelo comienza a descongelarse, y por tanto, a debilitarse como consecuencia del calor, el metano va deformando el hielo y la tierra hasta que termina generando un montículo. En jornadas de altas temperaturas que pueden darse durante un verano cálido, los montículos no aguantan más la presión y explotan, creando estos espectaculares cráteres.

El mayor número de cráteres se produjeron en los veranos de 2016 y 2020, cuando Siberia ha alcanzado sus temperaturas más altas de la historia - 38º-. De hecho, esta región se está calentando hasta tres veces más rápido que el resto del planeta.

El cambio climático provocará más explosiones de metano

La conclusión principal de Chuvilin es que el permafrost estas regiones se derrite con más fuerza por culpa del calentamiento global, lo que hará que cada vez más gases del subsuelo se liberen hacia la superficie. Estos cráteres, por tanto, son un ejemplo de los abruptos cambios que está sufriendo el paisaje en el Ártico.

El proceso que llevó a la exposición de estos cráteres se inició en la década del 60, según explicó hace unos años para la BBC el profesor de Ciencia del Permafrost en la Universidad de Sussex en Inglaterra, Julian Murton.

Según Murton, en esa década se realizó una rápida deforestación en Siberia que provocó que el suelo helado dejara de estar protegido por la sombra de los árboles en verano. Los rayos del sol calentaron el terreno y el proceso se aceleró ante la falta de transpiración vegetal, que habría disminuido la temperatura del suelo.

"Esta combinación de menos sombra y transpiración llevó a un calentamiento de la superficie", explicó Murton, un calentamiento que cada año que pasa se hace más notorio.
Una mirada al futuro del cambio climático
Dentro de la peligrosidad que tiene la formación de estos grandes agujeros y que su origen reside en una consecuencia negativa del calentamiento global, el aumento o la disminución del número de cráteres en el permafrost puede ser utilizado como un indicador más del cambio climático.

Además, las capas de sedimento que quedan expuestas tras la explosión revelan cómo fue el clima en la región durante al menos 200.000 años. Un registro geológico que puede ayudar a comprender cómo será en el futuro la adaptación de la región al calentamiento global.

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